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lunes, 24 de noviembre de 2014

El Docente bicho: una figura de constitución en lo precario






1- Estado de situación

Segundo año. Treinta y ocho guachines. Horario de tres y cuarto a cinco y cuarto de la tarde. La materia, Construcción de la Ciudadanía. Termina la hora y los pibxs se van para la casa. Escuela privada subvencionada que si bien es barata no la paga nadie. Barrio de San Justo.

No hizo mucha más falta que las dos primeras clases para saber que el aula era pura dispersión. Había un hiato inmenso entre el aula y una clase. No es un aula con cortocircuitos frecuentes, que en la mayoría de los casos de arreglan, con intervención del profe o algunos chicos, sino que directamente el aula era un caos con pizcas de clase.

En el curso que les comento, la presencia de lo precario es muy intensa, medido en relación con el desfasaje entre las expectativas que circulan y lo que efectivamente acontece. Hay muchas experiencias e ideas diferentes de lo que debería suceder.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Docencia y guerra: la figura del docente corresponsal




En la mayoría de los casos, ser docente hoy quiere decir, ya de por sí, estar metido en mil guerras: la guerra por la atención, la guerra por los contenidos, la guerra social que se traslada o repercute en el aula, la guerra en o contra las instituciones...

El desafío entonces es hacer devenir ese docente (quiera o no un combatiente) en un corresponsal de esas guerras (generalmente asimétricas) con múltiples frentes. Más aún, no solo volverlo un corresponsal, sino también un cartógrafo, un investigador, un explorador de las potencias, de las preguntas y tensiones vitales, de las posibles resistencias. Es decir, en un estratega.

Es difícil distinguir una guerra de una posguerra. O, dicho de otra forma, el escenario de posguerra (territorio “arrasado”, roles desfondados, instituciones mutadas) es el paisaje de la guerra en curso (una guerra sin premios ni bandos claros).

El docente como corresponsal de guerra entonces (ni hablar que un estratega) debe afinar la intuición, la mirada, el olfato. Saber pararse, aprender a poner el cuerpo de determinada manera, y sobre todo, entrenar la capacidad del ver qué onda.

domingo, 8 de junio de 2014

¿Seducir para enseñar?
Reflexiones sobre afectos, cuerpo y escolaridad.

(Primera entrega)



1-   Docencia y seducción

Activar el rol docente obliga hoy en día a recurrir a toda una serie de insumos y estrategias no necesariamente escolares. Actuar en el mundo escolar es configurar permanentemente el escenario de nuestra acción, y para tal fin, no podemos descartar ninguno de los códigos en los que generacionalmente nos hemos curtido, códigos muchas veces diferentes a los supuestamente instituidos. Sabemos que la máscara tradicional que encarnaba cualquier profesor/a para transitar un aula hoy está en crisis y se hace necesario –felizmente- recurrir a otros rasgos para constituir y “proyectar” una imagen de nosotros mismos que se convierta en una referencia para los pibes y pibas.

Habitualmente tenemos diferentes formas de clasificar los cursos que nos depara cada ciclo lectivo, podemos pensar en al menos tres: los mala onda: mucha cara de culo, mucho conflicto “grupal”, indiferencia hasta para responder al saludo de buenos días, desgano ante cualquier actividad: da lo mismo que lleves una película, un cuento, una canción o un texto. Nada los motiva, nada nos conecta; los copados, donde nos gusta estar, donde hay un tejido de simpatías generalizada entre los chicos y nosotros, “A vos te bancamos profe”, pero que sin embargo cuesta armar algo. Es decir, a pesar de la simpatía y la buena onda, cuesta activar alguna experiencia de problematización interesante. Cierta subjetividad mediática (cuelgue, distracción permanente) atenta contra la posibilidad de pensar en común. Por último, están los cursos a los que definimos como los que se labura bien.  Toda una definición: hay buena onda, se trabaja desde contenidos del programa, hay debates interesantes que proliferan espontáneamente, hay proyectos que surgen de inquietudes de los chicos. En estos cursos la clase se hace a partir de una vitalidad y una alegría creadora que nos interpela y nos moviliza a ambos, profes y pibes/as (“que buena clase se armó”, solemos rumiar cuando salimos del aula), y no en forma mecánica y forzada como sucede a veces en los otros cursos, en donde casi que habitamos un tiempo que hay que pasar, más que una dinámica que nos hace participes del disfrute.

martes, 31 de diciembre de 2013

Todo pasa
Algunas preguntas sobre los espacios y la precariedad escolar




Uno
Martes a la mañana. Subo las escaleras apurado, agarro el pasillo y antes de ir para el aula busco el baño. Pero hay algo raro. En la entrada hay unos alumnos que no conozco con una soldadora. Me acerco. Están colocando unas puertas de hierro y alambre artístico. “No, no se puede entrar”, me dicen. “Es un segundo”, les contesto, “yo soy profesor”. “Bueno, pase”, tira el pibito.
Corren unos días y pregunto a los alumnos de ese piso qué pasa y se reparten las voces para contestar: “como fuman porro en el baño, lo cerraron”; “hay que pedir las llaves en preceptoría”. Y ustedes qué piensan, pregunto: “y, nos cagan a todos”.

Dos
Jornada docente. Estamos en un aula. Los directivos delante y los docentes sentados. Se reproduce a otra escala la misma asimetría profesores-alumnos, como también la imposibilidad de reproducir eficazmente esa asimetría –infinidad de veces se pide silencio, murmullos, risitas, uno no puede escuchar
La dinámica de la jornada consta de dos partes: en la primera la directora tira temas e información; en la segunda se analiza el protocolo de “Orientación para la Intervención en Situaciones Conflictivas” x bajo unas consignas. Van pasando los temas y se repite una secuencia: profes que intentan tirar alguna discusión y la directora contestando “lo dejamos para otro momento”.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El docente paracaidista: una figura escolar  


         
   

1.  Caímos en la escuela.

En una trayectoria laboral que galopa en lo precario –poca guita, muleo, hacer cosas que no nos caben, escasos beneficios sociales- nos vemos hoy dando clase. El dar clase es algo que encontramos más que un lugar buscado: a los tumbos, cansados de habitar un espacio agotado, olfateamos la posibilidad y dimos el salto. Y aterrizamos.

Como paracaidistas sabemos que no cualquiera es un buen objetivo de caída. Hay lugares más acogedores que otros. Los colegios privados con su flexibilidad legal –llevar un currículum y no mucho más- es un sistema más poroso en su recibimiento que la burocracia estatal, con trámites infinitos, cortocircuitos permanentes y la quisquilles por “los títulos habilitantes”

Docentes paracaidistas: legalmente posibilitados, si, pero no estrictamente preparados. Con credenciales académicas pero con un paso fugaz –o nulo- por profesorados o institutos de formación pedagógica, se da una caída abrupta en un terreno inédito. ¿Qué es una planificación? ¿Cuáles son los criterios para corregir un examen? ¿Cómo mido los contenidos por edad? ¿Qué le podes dar a un pibito de 12, 13 años para leer? Algunas preguntas posibles -y hay más.

jueves, 25 de julio de 2013

Días felices

Algunas reflexiones sobre escolaridad, malestares sociales y suicidio, a partir de la película “Profesor Lazhar” (Dir. FalardeauProducción canadiense, 2011).














1- El suicidio como acontecimiento

La película arranca con una muerte: una docente se ahorcó en un aula. Estamos en Canadá, en una escuela pública supuestamente venida a menos, pero que no deja de expresar una realidad muy lejana a la nuestra.

Una docente que se llama Martine se suicida. Se quita la vida en la misma aula donde daba clases todos los días a unos chiquitos de 12 años. Dos alumnos –Simón y luego Alice- descubren el cuerpo colgando. La escuela conmocionada. Chicos que no pueden dormir. Padres exaltados. Una plana directiva que se presenta segura y decidida pero que en el fondo tiembla dubitativa.

Los días pasan. Se presenta un maestro para ocupar el cargo disponible tras el deceso de Martine. Se llama Bachir Lazhar. Es argelino y atraviesa un juicio que puede deportarlo (de todo esto en la escuela saben pero no dicen nada).

En el colegio se hace todo lo posible para que el acontecimiento no acontezca: las menciones al acto de Martine son relegadas de la rutina escolar: se desconoce cualquier referencia al mismo como a su vez los alumnos quedan en terapia con una sicóloga (terapia que la cámara nunca captura).

miércoles, 24 de abril de 2013

De malestares y terapéuticas escolares: pensando la voz docente




1- Ruido blanco: el aula como interferencia de voces

La voz docente ha perdido la mayúscula. Destituida como Voz, deviene una voz más. Este pasaje es la expresión de las mutaciones en los términos y en los supuestos del aula. Hay indicadores de estos cambios: la voz del docente ya no provoca efecto de silencio. En las aulas se parte del ruido (el silencio, como la atención, como el respeto no son a prioris de la Institución escolar actual, son botines en pugna, permanentemente en tensión. Hay que ganárselos…). Pero el fin del monolingüismo docente, no necesariamente inaugura una realidad coral y dialógica. Más bien lo que hay es una multiplicidad de voces que se yuxtaponen, se mezclan, se confunden, se pierden en una especie de ruido blanco (del que también participan los ring tones y los crujidos de auriculares saturados).

En el aula las voces son algo de lo cual no se escapa: el sonido esta ahí, toma a los oídos por asalto. No se trata de una conexión mediante un soporte digital del cual los alumnos se desconectan cuando quieren, dejando como única certeza para nosotros los docentes una respuesta concreta o un apagado repentino. Estamos en un mismo espacio, compartiendo un territorio, donde ese otro esta pero no está, lo tenemos enfrente, si, pero como un espectro indiferente e inasible por nuestras palabras. Nos cuesta hacer pie y el lugar en común se hace desierto. Pero no deja de haber una presencia, un alguien que nos brinda una bocha de signos: ante la dificultad de que la voz armonice deseos se hace imperioso aprender a escuchar otras voces: de la mirada de los pibes, sus las posturas en la silla, el caminar por el aula, la forma de reírse, el tipo de silencio que se abre. Palabras corporales que debemos interpretar como antesala para entender más o menos que pasa e ir reconstruyendo sobre la marcha algo si como un diálogo. Pero en la escuela una y otra vez siempre se trata de eso: hablar con la voz. Veamos que nos pasa a los profes con la voz.

lunes, 4 de febrero de 2013

Esquizofrenia escolar: entre el quilombo que motiva y la paz que nos fastidia

Algunos pensamientos desde la precariedad escolar










1- Precariedades

Sabemos que en las escuelas lo que debería ser no es (y encima viene todo para peor, nos dicen…). Nos topamos con situaciones de lo más diverso: dificultades para leer, berretines mediáticos, poca atención, peleas, boludeo tecnológico, etc.…  No hablamos solamente de simples interferencias en el paño escolar sino de quiebres en su lógica más intima; no de trastornos en su dobles interior sino en las condiciones de emergencia de su constitución social (un ejemplo son los docentes que no pueden dar clase por que se tienen que amotinar en la puerta del aula para que los pibes no huyan…).

Según cual sea el grado de la erosión escolar –un rechinar en su lógica o tambaleo de su ser constitutivo- se disparan diferentes niveles de precariedad que nos obligan a recurrir a diversos saberes escolares para transitar los espacios educativos: situaciones abiertas para las cuales no hay respuestas a mano; cortocircuitos donde la brújula escolar indica soluciones tradicionales, algunas que ya no resultan y otras que si; circunstancias donde se aplican experimentos que a veces funcan como otras no. Es innegable que cuando entramos a la escuela estamos haciendo un acto social. Como individuos, mal que mal, tomamos posesión de un rol: somos docentes. Los pibes lo mismo: se hacen alumnos. Afuera cada uno tendrá su vida, es más, nos podremos encontrar en la calle, compartir algún bar nocturno, pero al pasar el umbral escolar nos hacemos alumnos, porteros, preceptores, secretarios, etc. En el aula, de un lado está el docente, del otro los alumnos. Ante el escenario de precariedad latente es fundamental reconocer que esa frontera esta agrietada o en todo caso en ruinas; desde esa geografía social bien concreta debemos intervenir.


miércoles, 12 de septiembre de 2012


¿Cómo hacer para hacer?
Mínimas reflexiones políticas a partir del proyecto de ley sobre el voto adolescente



1- Intro

La idea es armar una reflexión propia a partir de relatos de alumnos sobre el debate acerca del proyecto de ley que propone el voto optativo desde los 16 hasta los 18 años. A partir de diversas actividades en el aula se armó un dialogo con pibes y pibas de escuelas de Ciudadela, Casanova y Tapiales. Hablamos de gente de 15, 16 y 17 años (pongo en contexto porque sabemos de sobra que la edad en si misma no dice mucho). Aviso desde el comienzo: si alguien espera encontrar algo así como una encuesta de opinión adolescente sobre la aceptación o no de la propuesta o una critica a las opiniones cruzadas entre diferentes fuerzas políticas y el ensayo de una defensa o refutación de la propuesta, que corra la mirada de las líneas que siguen. Lo que intento es problematizar el hacer político de una época y la importancia de la vivencia generacional en ese hacer, cuestionando justamente que es la política y que desafíos existen que nos interpelan activamente.

sábado, 1 de septiembre de 2012

El tirabomba: un personaje escolar
Breve ensayo sobre el oficio de llamar la atención




1- ¿Qué es ser un tirabomba?

Murmullos. Estudiando para otra materia. Sentados en cualquier parte, algunos dados vuelta. Celulares camuflados bajo la mesa; celulares expuestos arriba de la mesa. Cabezas gachas con sueño, descansando en una almohada improvisada con brazos y carpetas. Más murmullos, crece el volumen: ¿Quién esta hablando? Miramos, no vemos a nadie, pero algo escuchamos… Surgen preguntas ¿Cómo llamar la atención? ¿Qué hago para que den bola? ¿Les digo que descansamos? Pero falta una bocha ¿Qué hago con todo este tiempo que queda?

miércoles, 22 de agosto de 2012

El yoga y la escuela: ¿Restitución o Recomposición?




1- La escuela y el yoga: una posible afinidad

A principio de año andaba por la calle y me metí en una librería. Mientras pagaba una agenda encontré sobre el mostrador un volante que me llamó la atención: talleres de yoga para docentes en Liniers. Técnicas de respiración, ejercicios, charlas, toda una novedad bajo el siguiente lema: “Si hay chicos nuevos, se necesitan docentes nuevos”. Me interesó conocer la experiencia y problematizar su discurso sobre la importancia de los talleres, los malestares áulicos, como se perciben a los pibes, entre otros. Aclaro que es un ensayo sobre una intersección específica del yoga y los docentes en el ámbito educativo: no se pueden sacar conclusiones lineales para todo lo que es una escuela, como tampoco para todo lo que genera el yoga. Lo cual no significa que no se pongan en juego algunas coordenadas que nos sirvan a los que laburamos dando clase sobre nuestras afecciones, iniciativas, frustraciones, como también tener en cuenta un auge de hace años de un orientalismo diverso y complejo que funciona como eficaz máquina de intervenir en los estados de ánimo.


lunes, 16 de abril de 2012

Corredores escolares. Una topología del cuidado.

*No buscamos reemplazar a las autoridades competentes sino ser veedores de que las instituciones o funcionarios pertinentes, atiendan las necesidades de los ciudadanos que lo necesiten.
*No tenemos ni pretendemos tener autoridad de policía, pero si intentaremos dar a conocer todas las acciones que nos permitan no ser un blanco fácil de la delincuencia y trabajar con quien corresponda, codo a codo en la prevención.
*Llevaremos adelante todas las acciones que sirvan para el bien de la comunidad educativa y en general, en cuanto a seguridad en la vía pública se refiere, dejando de lado intereses individuales.
*Somos un grupo de padres preocupados por la seguridad de nuestros hijos y los hijos de los demás y como tales, no esperaremos a ser víctimas para realizar y hacer oír nuestros reclamos.
(Declaración de Principios del corredor escolar de Villa Ballester; http://www.corredorescolar.com.ar/proyectos.html)

"La seguridad la vamos a ir mejorando día a día entre todos, y yo, como corresponde, como máximo responsable de la provincia, estoy al frente de esta lucha, pero es muy valiosa cuanto más participación y control ciudadano hay" (…) "acá está en juego la vida, no es un problema más, detrás de esto tiene que haber una gran madurez y responsabilidad de todos en colaborar cada uno desde su lugar".
(Discurso de Scioli en la presentación del *911 audiovisual y una página Web de denuncia comunitaria).




Intro

Los siguientes párrafos son una serie de reflexiones a partir del diálogo con actores varios acerca de una intervención comunitaria en pos de seguridad: los corredores escolares. Hablaremos en particular del corredor José Hernández, uno de los corredores ubicados en Villa Ballester, barrio paquete del partido de San Martín. El corredor, creado en Abril del 2008, comprende 21 manzanas con 12 colegios, tanto de tipo privado como público, albergando casi 10.000 alumnos.

Encararemos los corredores como un Foco de experiencia: un complejo de saberes, sensibilidades y procedimientos prácticos que se ponen en juego estratégicamente. El sentido de estas líneas entonces, más allá de los corredores, será hacer visibles lógicas de intervención en clave de seguridad, poniéndolas en discusión en un contexto donde el discurso de seguridad, vigilancia preventiva y comunidad se viene agitando bastante…