domingo, 14 de junio de 2015

Hacer banda y bancar

Balance político a un año del último partido de Román en Boca
















1-          Intro

Luego de semanas turbulentas para nosotros los bosteros tras el episodio del gas pimienta y quedar eliminados de la copa escritorio mediante, en unos días se juega el partido despedida de Seba Bataglia. Además de la participación de varios de nuestros ídolos en ese partido, estará Román. Paasdo un poco más de un año de su último partido contra Lanús, otra vez vamos a ver al diez con la casaca xeneize en la Bombonera. De eso tratan estos párrafos: reflexionar un poco sobre la ida de Román del club y nuestras acciones en torno a este tema en los últimos años. Reflexión que apunta a unir tres puntos como referencias de un mismo mapa de politicidades: la forma de jugar de Román en la cancha; los banderazos como iniciativas nuestras para que siga en el club; formas de intervenir en la ciudad ante diversos conflictos, como es el hacer banda y bancar.


2-          Román y su juego

Infinitos elogios podríamos hacerle al juego de Román. Pero hoy me interesan destacar dos en especial: su uso del tiempo y el espacio. Vamos con el primero. En la vorágine de un partido el diez pone la bocha bajo el pie y maneja el juego. Arma los circuitos de circulación: cuando se tiene que ir rápido, se va rápido; cuando hay que ir lento, se va lento. Román maneja el juego por que diseña el ritmo del partido. De ahí que elogie tanto a Iniesta: cuando el Barcelona va por una autopista, él decide el momento de bajar para subir por otra y llegar más rápido. No niega nunca la velocidad: siempre va por autopista y la idea es llegar lo más rápido al arco contrario, pero en esos movimientos hay una autonomía del recorrido; no se va al barullo de los choques, como la mayoría de los partidos que vemos hoy.

Así de simple. La sabiduría del ritmo. Pero hay circunstancias donde Román no puede marcar el tempo por que el equipo va al ritmo del rival. Ahí Román se adueña de la pelota e interfiere en esa corriente que lo lleva puesto a su equipo. Agarra la bola, la protege con los brazos, pone la espalda y el culo, y sale escurridizo tocando con otro compañero o le hacen full. El espacio de dominio de la bocha se perfila como una barricada hecha con el cuerpo, donde aguanta las embestidas para que el equipo se adelante, gane espacios, y se modifique la coyuntura inmediata para otra vez orquestar el juego con el viento a su favor.

Interesante lo de los full: muchas veces Román se para, se da vuelta, mira al árbitro y abriéndose de brazos obliga a que este le cobre. No engaña al réferi tirándose, sino que este prácticamente responde a sus pedidos. La barricada fuerza a la ley para que lo sostenga.

Miles de veces aspiramos el humo mediático que sentencia que Román era un jugador frágil desde lo físico. Es cierto que los últimos años las lesiones lo fueron averiando e impidiendo exponer su fútbol en la Bombonera, pero si hay un atributo para destacar en Román es su fortaleza física. Los ejemplos sobran: el partido contra el Madrid expresa un desquicio para los merengues que no pueden sacarle la bola al diez y marchar hacia el arco de Córdoba para empatar. Tan difícil era franquear el espacio recortado por Riquelme, que un jugador de Banfield debió meterle un dedo en el culo para desarmarlo.

Me parece que esta fuerza para armar y aguantar la consistencia de un espacio propio, tiene un carácter político muy importante para nuestra época y a nivel generacional, de cómo armar espacios propios en tiempos de dispersión, de vivir a los tumbos sin saber bien que nos mueve, de cómo agujerear la rutina y diseñar algo propio y tratar de mantenerlo ante todas las coerciones epocales.



3-          Banderazos

Un espacio propio que armamos muchos hinchas de boca para romper con el ritmo que tomaban las rutina del club contra Riquelme, fueron los banderazos.

Organizado por Facebook, la red funcionó como una estrategia de contra poder en calidad de enlace. Un escenario de articulación de hinchas que sintonizamos en la misma afección: que Román se quede o vuelva. Grupos que se suman a otros grupos, como una bola de nieve digital, va conformando una masa de descontentos que pone en marcha un pensamiento que inventa y organiza.

Pero este proceso articula diferentes soportes enunciadores: redes sociales, páginas, celulares, radios, diarios, TV. A su vez esta diversidad comunicativa interconectada implica una jerarquía en la capacidad de atraer interlocutores: no es lo mismo Olé que un grupo de Facebook con un puñadito de “Me gusta”, o Fox que el boca en boca de un grupo de amigos.

El banderazo como invención es una ruptura que parte de la elaboración colectiva de malestares. Por un lado necesita espacios para propagarse y salir del anonimato para ser más y más fuerte; como a su vez escapar clandestinamente de la inminente disputa que propone cualquier poder que se percibe amenazado. Pero más que nada, si esta singularidad difusa que estamos generando no crea nuevas preguntas y respuestas a esos interrogantes, cae por si mismo. Un tipo de organización que responda a las inquietudes que pusieron en marcha un proceso de creación político es un criterio indispensable para la libertad de esos cuerpos afectados.

Pero el banderazo responde a una forma de intervención típica de esta época, que incluye, sin duda, pero también, desborda el fútbol: el hacer banda y bancar.



4-          Hacer banda y bancar

Nuestra existencia se despliega en un ambiente precario que en muchos casos expone su virulencia en tanto amenaza de desintegración, sea de laburos, problemas de salud, de vivienda, familiares, accidentes climáticos, los que sea.

Hacer banda y bancar, es la reunión de fuerzas a las cuales apelamos para afirmarnos armando un espacio propio, el cual a su vez hay que sostenerlo, bancarlo. Hacer banda es una acción imprescindible para cortar con un ritmo que nos desarma dando lugar a uno que nos sostiene y que hay que mantener.

Se hace banda por afinidades varias. Algunas pueden ser previas  -amistad, vecinos, familia, hinchas de un club- como otras más situacionales –quienes andan por la calle y se reúnen por una secuencia particular-.  Fundamental es el papel de la tecnología: el intercambio de información, de manera constante e inmediata, permite que estos cuerpos se articulen velozmente y concreten su accionar.

  Si ponemos el ojo en su consistencia a lo largo del tiempo, diremos que es imposible armar mapas del hacer banda: pero quizá más que mapas sobre personas y sus itinerarios estables o no, haya que hacerlos por lo que sucede en los diferentes entorno territoriales, lo cual implica una gran movilidad y zig zageo de los individuos, pero que hay una regularidad tanto en los problemas como en las formas de intervención a las cuales se recurre; y si hablamos de formas de intervención, el hacer banda y bancar es uno.

Existen diferentes lógicas del hacer banda. Por ejemplo los linchamientos, con un espíritu policial, encarando diferentes situaciones urbanas con un encuadre securitario, hasta los banderazos de nosotros los xeneizes, que piden por un ídolo o cuestionan los manejos elitistas de la dirigencia actual que mercantilizan el club.

Juntar fuerzas, ocasionales o ya conocidas; actuar en contra de otra fuerza que desbarata la propia; sostener el empuje de la fuerza conquistada frente a la corriente que nos desarma; continuidad o no de las costuras que articulan la banda reunida.  Estos son algunos de los rasgos que muy al voleo presentamos ahora sobre el hacer banda y bancar. Volvamos con Román otra vez.


5-          Los ídolos: ¿fetiches o símbolos de agite?

¿Existe un hilo invisible que atraviesa el poner la pelota bajo la suela de Román, los banderazos, y el hacer banda y bancar? Si: lo común es cortar con un ritmo ajeno, hacerse de un espacio propio y sostenerlo con otros. Sea Riquelme con la pelota bajo la suela haciendo una pausa para asociarse con sus compañeros, nosotros los hinchas ocupando la cancha y haciendo fuerza para que nuestro ídolo se quede o vuelva, como el hacer banda en general, del cual el banderazo es un caso particular. Imprescindible reconocer este triple continuo de politicidades y todas sus reciprocidades: primero, lo que pasa dentro de la cancha; segundo, en las tribunas y otras órbitas de los clubes; tercero, la ciudad en toda su dimensión práctica.

A la hora de hacer balances de lo que Román significa para nosotros, más allá de su jugadas, títulos, goles, fue el motivo por el cual nosotros los hinchas activamos una movida que intervino en la dinámica del club y pudo incidir con diferentes niveles de eficacia –a veces logrando lo buscado, otras perdiendo claramente-. El legado de Román y nuestros banderazos es la conciencia de una fuerza. Que existimos y somos parte del mundo Boca. Que no somos simples espectadores, testigos de lo que hacen con nosotros, sino que nosotros también podemos incidir sobre aquello que nos define a cada momento.

Se trata de la diferencia entre un ídolo como símbolo de agite y un ídolo como fetiche. El ídolo como símbolo de agite es un jugador querido que permite que nosotros los hinchas ganemos en autonomía, que aumentemos nuestra capacidad de acción en la coyuntura del club que amamos. Un ídolo como fetiche es un jugador querido cuya afectividad circula de una manera donde nuestra autonomía decae; el jugador cuya idolatría es consecuencia de nuestro afecto, como Román por ejemplo, se transforma en un insumo de una forma de gestión donde los hinchas nos encontramos subordinados.

Los ídolos o al menos jugadores queridos, son fundamentales en la vida de los clubes. Y depende mas allá de su propia voluntad que funcionen como fetiches o símbolos de agite. Por supuesto que lo que ellos hagan es importante, pero no es determinante. Me explico: el gran tema es Tévez. ¿Qué significa la posible vuelta de Carlitos? ¿Qué un tipo nefasto como Angelici tenga su último tiro al pichón y gane las elecciones? ¿Qué Macri haga campaña para las elecciones nacionales? ¿Quién pone la abultada moneda para que vuelva? Si no nos hacemos estas preguntas, Carlitos es un fetiche. Pero si aceptamos esta situación y no hacemos nada con su figura para activar movidas propias, regalamos la imagen de nuestros ídolos, congelamos las apropiaciones actuales como definitivas. ¿Vamos a renunciar a Carlitos y a todo lo que representa para nosotros los bosteros?

Cerramos con Román: son infinitas las retroalimentaciones entre las formas de jugar de nuestro ídolo sobre el verde césped, nuestras movidas como hinchas por él como por otros motivos en este contexto de elitización de nuestro boquita, y también, de mecanismos de intervención urbana como el hacer banda y bancar. Y en este sentido hay un tema a considerar: la voluntad expresada públicamente por Riquelme de ser presi del club (se supone para el 2019). ¿Cómo sería un ídolo como Román, símbolo de agite, ocupando un cargo así? ¿Cómo es el encuentro entre ocupar un cargo institucional por nuestro ídolo y el hacer banda de los banderazos? De hecho, en estos años si bien existieron rechazos de nuestra parte a la mercantilización alevosa de nuestro club en la gestión Angelici, estas preguntas por la política electoral, el sostenimiento de un rechazo al Boca careta de estos años, son problemas fundamentales para nosotros los xeneizes. Y si dentro de esas secuencias sigue Román poniendo la bocha debajo del botín o no, lo veremos en los próximos años.


domingo, 31 de mayo de 2015

Pedagogía erótico-mercantil
Notas sobre máquinas tragamonedas y aprendizaje





1-    Intro

Este ensayo es la segunda parte de una serie de investigaciones sobre los bingos y las máquinas tragamonedas. La primera parte está acá  http://www.losutil.blogspot.com.ar/2015/02/tranquilossolos-y-entretenidos-un.html. La pregunta que me movilizó para escribir esta segunda entrega es más o menos la siguiente: ¿Cómo gestionan los jugadores su estadía en ese espacio sagrado que es un bingo? ¿Cómo hacen para saber lo que hacen ahí?

La pedagogía es el arte de conquistar un lugar en el mundo y nutrirse de él. Saber organizarse, sumar poder. Los jugadores diseñan una pedagogía; un saber vinculado con la producción de conocimientos y la organización de su alegría. Históricamente el juego y el conocimiento fueron por carriles opuestos. Lo culto, no es juego. Y si lo es –como vemos en muchas acciones pedagógicas contemporáneas- es una mera forma, un atajo divertido para adquirir un determinado tipo de contenido –lo realmente importante-.

Si bien los bingos se publicitan en la arena pública por carteles callejeros, camisetas de fútbol, algún programa televisivo, su fuerte es la estrategia de propaganda más poderosa de todas, basada en la confianza de quien enuncia: el boca en boca. Aunque varios jugadores se acercan a las salas directamente, seducidos por lo que habrá. Las casas de juego son edificios de estructuras monumentales, que no dejan ver nada en su interior. En el fugaz abrir y cerrar de sus puertas, se vislumbra un mundo desconocido que por su misterio, seduce. Ya en su interior, hay diferentes invitaciones para destacar algunos juegos por sobre otros: de pozos acumulados en los cartones a tentadoras promociones de maquinitas.

Pero lo que me interesa contarles en este punto es que la acción del jugador como consumidor no es simplemente la de apropiarse pasivamente de la experiencia tan deseada de jugar a partir de la seducción publicitaria. El jugador trabaja intensamente por ella. El jugador hace situación tanto frente a la máquina al jugar, como en la búsqueda de la máquina correcta, la que dé ganadora (también para conseguir dinero para jugar, por ejemplo, bajo la estrategia de la venta de humo, pero eso lo voy a trabajar en otra oportunidad, por ahora me quedo con estos dos niveles).


2-    En la sala

Las maquinitas le piden al jugador habilidad y ser amigo del azar. Sobre la habilidad, ese aprendizaje es directo, no existe una mediación de una autoridad que explica con respecto a una realidad a conocer. No hay transmisión: el jugador se empapa de conocimientos directamente en su hábitat. Es cierto que muchas veces recibe la ayuda de empleados, amigos, o mirando otros jugadores, pero en general, aprender a jugar es algo muy fácil que no requiere de una gran explicación.

Dijimos que la maquinita es un juego azaroso. ¿Y qué hacemos frente a la suerte? ¿Si toca, toca, o el azar se busca? Llamar a la buena suerte es una habilidad específica. Para encontrar una buena máquina, muchos jugadores hablan de saber encontrar el momento. Buscar la mejor oportunidad para acercarse al triunfo. Algunos procedimientos: los jugadores se quedan parados mirando largo rato si una máquina da premio o no, y según del tipo que sea, se calcula si dará o no ganadora al toque.  Otra: los jugadores siguen sus sueños e indicaciones que puedan aparecer en los mismos –que según el caso, pueden hacer que se levanten de la cama en plena madrugada y se vayan para el bingo-. Más estrategias: volver a una máquina que dio ganadora alguna vez, para repetir por cábala.

Les comento algo sobre la estrategia del cálculo. Una máquina es promesa de liquidez. Al observar si las máquinas dan ganadoras o no, hay un razonamiento individual de las probabilidades de conseguir dinero. El jugador fabrica hipótesis sobre las posibilidades de una máquina de dar un buen billete, y apuesta. La sala de juego se transforma en un gran paisaje de signos: ver las máquinas, las reacciones de los otros jugadores, el palpitar de las pantallas, ir p un lado, ir para el otro. Se requiere de un tanteo bastante avispado: una sostenida atención a las señales de la sala, como aprovechar la oportunidad para mandarse y obtener lo tan anhelado. Si bien el bingo es un lugar silencioso, no hay mucho diálogo entre los jugadores, sí hay una intensa lectura de lo que hacen entre sí. Y las interpretaciones conseguidas se guardan en secreto. El dato como conquista es exclusivo del jugador. Es así por que el jugador es su propio equipo. Si comenta su verdad, pierde.


 3-    Frente a la máquina

Les pido que dejemos las fórmulas para abrazarse a la máquina ganadora y vayamos ahora con la seducción del azar ya frente al artefacto. Las personas se persignan,  besan los billetes, colocan estampitas de todo tipo –de Cristo, Gauchito Gil, vírgenes diversas-, raspan la pantalla con piedras especiales o introducen azúcar y mirra en la máquina –elementos que supuestamente transfieren energías positivas-, o acarician la pantalla y exclaman consignas del estilo “dame plata, dame plata”.

Tanto en el caso de amigarse con el azar para elegir la máquina tocada o estando ya frente a frente con la misma, los diferentes procedimientos manifiestan diferentes paradigmas de conocimiento: desde los matemáticos para calcular probabilidades, como los esotéricos de apelar a inspiraciones oníricas o entidades religiosas. Queda claro que no hay contradicciones entre estos tipos de saberes; este cocoliche epistemológico vale o no en tanto aumenta la capacidad de acción de los jugadores y sus estrategias para ganar en un entorno específico como es una sala de juego.

No nos olvidemos de las estrategias de los jugadores para aguantar frente a las máquinas. ¿A qué me refiero? Quizá la situación lleve a que se deba estar mucho tiempo jugando, por ejemplo, en una máquina que por algún motivo se considera que dará ganadora. Estar horas y horas ahí sentado implica una preparación. Y estar preparado puede ser desde comer bien antes de ir para el bingo, como también, ir con pañales, para no dejar la máquina libre cuando va para el baño, dejando regalada la maquinita a otro jugador que se puede quedar con el premio que está por caer.


 4-    Ambivalencia

Existen diferentes estratificaciones entre los jugadores y sus conocimientos; algunos conocen más los códigos que otros. Un aprendiz se puede sentar en una máquina que acaba de dar ganadora, mientras que otro más curtido ya sabe que sentarse ahí y prender fuego sus billetes o tirarlos en un tacho de basura es prácticamente lo mismo. Que se vayan incorporando conocimientos depende de que cada jugador se vaya haciendo en la sala, o podrá quemar etapas, por ejemplo, por el boca en boca con cocidos que también jueguen.

Pero hay un tipo de saber que es especial: ¿cómo sacarle plata al bingo bajo las reglas exclusivas del jugador? Vimos algunas: raspar la pantalla con una piedra mágica o meter sustancias a la máquina como azúcar o mirra.  Bajo las reglas de las salas, todo esto está prohibido. No solo porque estropea los artefactos, sino también porque una máquina con la pantalla rayada para un jugador ya fogueado, está mufada. Ya nadie se va a sentar ahí.

Esto es interesante: el bingo se mueve sabiendo y aceptando una regla extraña. De alguna manera, tiene que jugar en un terreno que es de otro, acomodándolo y poniéndolo en su lugar, es cierto, pero interviene en un espacio ajeno. Ajeno pero dentro de él. Y sorpresivo, porque lo que pueda surgir de una sala de juego, donde, como, cuando… difícil saberlo.  Acciones que no invalidan la participación de algunos actores del propio bingo. En Palermo dos trabajadores fueron detenidos por estafas. Se asociaban con jugadores y les daban copias de tarjetas vip, lo cual, para explicarlo rápidamente, favorece la posibilidad de ganar. Tras jugar, si había éxitos, se repartían el dinero.

Dentro de la dinámica donde cada jugador gestiona sus placeres, este movimiento deriva a veces en anomalías; los jugadores se apropian de las normas del espacio, las retocan y juegan a su manera. Se expande su soberanía con nuevas reglas para operar desde las reglas ya existentes. Se desplaza de la autonomía fabricada por la sala, para inaugurar otra autonomía distinta, aquella que surge de la apropiación de las normas por los propios jugadores, sea frente a las máquinas o andando por el bingo.
Vale decir que este tipo de acciones –consideradas como trampa- no dejan de ser parte del juego. No desconocen las normas del lugar, sino que las aceptan, para estirarlas y meterles un plus, algo propio. Diferente del caso de un asalto por parte de un grupo comando que va en busca de la caja de un bingo, o de un jugador que tras perder grandes suma agarra una máquina a patadas y se lleva el dinero de la misma, como ha ocurrido. En estos casos no hay juego, no hay habilidades que se midan frente a otras mediante el azar.


 5-    Salas y ciudad

Los saberes de una sala son específicos de una sala, sin duda, pero se nutren y son continuidad de otros. La búsqueda de azar se da en un marco competitivo - el jugador compite con el bingo como con otros jugadores para ganar plata -, las luchas por capturar atenciones, el tanteo y estar pillo para armarse en lo precario, el buen sentido de previsión para buscar la mejor oportunidad y concretar, son rasgos de un patrón común a nuestra vida en la ciudad.

A su vez, lo que acontece en las salas refuerza los saberes que describíamos para nuestra vida urbana. Y si: al final, jugar puede ser más de lo mismo. Pero no creo que todo sea tan lineal; a partir de las estrategias comentadas como trampas ¿no vale la pena preguntarnos si existe el germen de una pedagogía para prestarle atención, como inspiradora para pensar muchos de los espacios urbanos que transitamos?

En la pedagogía clásica escolar, una autoridad mediaba entre el objeto a conocer y quienes conocían. Se daba por supuesto una distancia entre nuestra experiencia y nuestro conocimiento sobre la misma. La crítica de esta pedagogía era denunciar la ficción de esta distancia y agitar por un maestro ignorante cuya función sería la de potenciar nuestras experimentaciones autónomas en relación con nuestras propias vivencias en el mundo. 

Hoy ante situaciones como las que venimos pensando, sin autoridad directa sobre las experiencias, fuerte impacto afectivo, sin mucha mediación de la palabra, ¿cómo pensar una pedagogía alternativa en relación con estos espacios? Pregunta que vale para los bingos, seguro, pero también para tantos otros sitios urbanos que funcionan con una gramática similar. Aunque los bingos me parecen claves; si hay tanto recelo de las salas por vigilar, en tanto son un sitio muy poco democrático -por no decir que son un ejemplo de autoritarismo de mercado-, todo lo que pueda activarse ahí se transforma en un aprendizaje político, tanto para los que juegan como para muchos de nosotros que no lo hacemos. Me parece que formular estas preguntas es un gesto de politicidad importante para no postrarnos en un denuncialismo bobo de criticar la autogestión de alegrías y su productividad como terapéuticas cerradas, mecanismos oscuros destinados a lograr que fatalmente sigamos soportando el régimen de vida que vivimos. 



lunes, 25 de mayo de 2015


“UNA UNIÓN DE HINCHAS ANTE LA AFA”
SEGUNDA PARTE DEL REPORTAJE A BOCA ES PUEBLO, AGRUPACIÓN DE AGITE FUTBOLERO XENEISE





La agrupación afirma cuatro pilares de la idiosincracia xeneise -“los colores, la gente, la cancha y el barrio”- para dar una disputa clasista (¿de quién es el fútbol?) y subjetiva (¿cómo se lo disfruta?) dentro del mundo bostero y futbolero en general. Sobre las barras -su historia, sus negocios, su necesidad y sus imágenes pensables-, sobre el proyecto macrista de reemplazar la Bombonera, sobre una posible unión de hinchas argentinos para hacer fuerza ante la AFA (para que vuelvan los visitantes, por ejemplo), sobre diversos problemas, en fin, relativos a cómo hacer que lo nuestro sea efectivamente nuestro, conversamos con esta banda loca que no para de crecer.

Segunda parte de la entrevista realizada por Por Andrés Fuentes y Agustín Jerónimo Valle para http://futboldepiesacabeza.com.ar/una-union-de-hinchas-ante-la-afa/ 



jueves, 26 de marzo de 2015

Boca es Pueblo: Resistencia futbolera”

Una organización contra la mercantilización y la pérdida de identidad



En la ambigüedad propia del mundo del fútbol, los intereses capitalistas y los abusos de poder parecen imponerse plenamente a la pasión lúdica, estética y colectiva, a la vitalidad futbolera que es, empero, la que sostiene la riqueza de la esfera parasitada por los robos y las elitizaciones. El manejo de los clubes, las decisiones de la AFA sobre los torneos y los visitantes, los negocios privados que arruinan los equipos, el humo periodístico que satura la mediósfera de palabras vacías que impiden pensar: ante esto, lo que cunde es la impotencia. Pero sin embargo, allí están, brotan, movidas que agitan lo dado: que, afirmándose en el amor a la pelota y los colores, organizan intolerancias contra alevosías de parásitos. Así, las desnaturalizan, e instalan una luz en la oscuridad que reina en las instancias donde se toman decisiones.

Movidas como Boca es Pueblo, una agrupación de pibas y pibes bosteros, fundada en 2012 y que desde entonces no para de crecer, con banderazos contra el proyecto macrista de cambiar de estadio o reclamando venta de entradas para no socios (fueron seis mil personas), con pintadas callejeras, con difusión en internet, con articulación de aguante mutuo con organizaciones sociales y políticas de La Boca, con, incluso, talleres de lectura y formación política; todo para “la defensa de los cuatro pilares de xeneises, que son atacados desde hace casi veinte años: los colores, la cancha, el barrio, y la gente, la condición popular del hincha de Boca”...

Movidas como Boca es pueblo abren fuertes preguntas para los futboleros, sobre los alcances de nuestro metejón, sobre la politización posible de un hincha de fútbol en tanto tal; movidas que plantan una disputa sobre el valor del fútbol, así como, también, sobre lo que es hacer política.

Primera parte de la entrevista realizada por Andrés Fuentes y Agustín Jerónimo Valle para http://futboldepiesacabeza.com.ar/boca-es-pueblo-resistencia-futbolera/


lunes, 16 de febrero de 2015

Tranquilos, solos y entretenidos
Un análisis sobre las tragamonedas y el juego –Primera Parte-




1-   Bingo: nacional, masivo, y mercantil

Hace aproximadamente una década que los bingos son parte fundamental de nuestra ciudad. Haciendo pie a lo largo y ancho del país, prácticamente son una institución mas (municipalidad, comisaria, banco, plaza, escuela… y bingo). Argentina es considerada por los capos del negocio a nivel global como el mercado más importante de Latinoamérica (mientras que en México una empresa como Codere factura 376,9 euros por máquina en un día, en nuestro país esa cifra es el quíntuple).

Si decimos bingo, hablamos de un lugar solitario, entretenido y tranquilo. Espacio policlasista, varias generaciones y géneros conviven también (“en un bingo hay de todo”, nos dicen una y otra vez). Convivencia que marca una dinámica común para los jugadores como es la de un bingo-empresa, pero donde una y otra vez las diferentes pertenencias sociales de cada uno hacen al acto de jugar (momentos disponibles para ir en la semana y duración de cada jornada; cantidad de dinero para invertir; formatos de endeudamiento y de pago o no de los créditos contraídos;  etc.). Por eso, si bien los bingos construyen sus propias diferenciaciones y jerarquías –jugador social o vicioso, por ejemplo- en las salas de juego se replican las fronteras sociales extra muros del bingo.   

 “Una institución más”, les decía. Y a eso apuntan un poco estas líneas que van a leer: tratar de pensar los bingos como una institución capital de nuestro tiempo. Podrían ser la comunidad organizada del kirchnerismo. O por lo menos una de sus variantes. Las salas de juego son un emergente de la década ganada, por la afiebrada circulación de dinero en diferentes estratos de la sociedad argentina, pero su funcionalidad no las podemos explicar simplemente por el aumento de dinero en los bolsillos populares. La hipótesis es que los bingos operan como una maquina terapéutica urbana sumamente eficaz.  Pero más allá de pensar sus procedimientos para administrar los estados de ánimo sociales, me interesa investigar las salas de juego como un modelo de inclusión contemporánea. Los bingos congregan masas y los hacen bajo una matriz que nos guste o no, es una referencia clave para activar estrategias y comprensiones copadas de nuestro tiempo, no solo de cómo se diseñan dispositivos de mando sobre nuestras vidas, sino de apropiaciones singulares que se originan en el interior de estas mismas economías de obediencia. Tal como dice la frase, como se juega, es como se vive.


lunes, 24 de noviembre de 2014

El Docente bicho: una figura de constitución en lo precario






1- Estado de situación

Segundo año. Treinta y ocho guachines. Horario de tres y cuarto a cinco y cuarto de la tarde. La materia, Construcción de la Ciudadanía. Termina la hora y los pibxs se van para la casa. Escuela privada subvencionada que si bien es barata no la paga nadie. Barrio de San Justo.

No hizo mucha más falta que las dos primeras clases para saber que el aula era pura dispersión. Había un hiato inmenso entre el aula y una clase. No es un aula con cortocircuitos frecuentes, que en la mayoría de los casos de arreglan, con intervención del profe o algunos chicos, sino que directamente el aula era un caos con pizcas de clase.

En el curso que les comento, la presencia de lo precario es muy intensa, medido en relación con el desfasaje entre las expectativas que circulan y lo que efectivamente acontece. Hay muchas experiencias e ideas diferentes de lo que debería suceder.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Docencia y guerra: la figura del docente corresponsal




En la mayoría de los casos, ser docente hoy quiere decir, ya de por sí, estar metido en mil guerras: la guerra por la atención, la guerra por los contenidos, la guerra social que se traslada o repercute en el aula, la guerra en o contra las instituciones...

El desafío entonces es hacer devenir ese docente (quiera o no un combatiente) en un corresponsal de esas guerras (generalmente asimétricas) con múltiples frentes. Más aún, no solo volverlo un corresponsal, sino también un cartógrafo, un investigador, un explorador de las potencias, de las preguntas y tensiones vitales, de las posibles resistencias. Es decir, en un estratega.

Es difícil distinguir una guerra de una posguerra. O, dicho de otra forma, el escenario de posguerra (territorio “arrasado”, roles desfondados, instituciones mutadas) es el paisaje de la guerra en curso (una guerra sin premios ni bandos claros).

El docente como corresponsal de guerra entonces (ni hablar que un estratega) debe afinar la intuición, la mirada, el olfato. Saber pararse, aprender a poner el cuerpo de determinada manera, y sobre todo, entrenar la capacidad del ver qué onda.