Argentina: Mascherano y cuarenta millones
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Le
ganamos a Holanda: finalistas, carajo!
La
alegría de estar en la final de la copa del mundo. Festejo multitudinario en
las calles de todo el país. Y un emblema que se comparte entre todos: el Masche.
Mascherano
irrumpe como un jugador ungido de fuerza, entrega, heroísmo. Es el gran símbolo
de este equipo (un amigo me mensajeaba pos Holanda: “quiero que mi hijo sea
como Mascherano”).
Nuestro
volante central protagonizó varios episodios importantes en este partido. Salta
a ganar una bocha de arriba con Wijnaldum. Se dan feo. Mascherano busca
seguir pero no puede: mareado se tambalea, cae. Susto generalizado. La cara de
Sabella desfigurada. Los argentinos que están en el estadio empiezan a agitar: “oleeé,
olé, olé, oleeé, Masche, Masche…”. Fuera del campo de juego el cinco se moja la
cara, se sacude y entra.
A lo
largo del mundial vimos a un Masche enchufado con indicaciones a sus compañeros,
hablando al árbitro, encarando rivales. Permanentes intercambios con Sabella,
por cuestiones de juego como de cambios que necesitaba el equipo –“el diez no
va más, el diez no va más”, contra Nigeria-. Masche también es el hombre de las
arengas: relojito anímico, se lo ve siempre agitando en los entretiempos de los
suplementarios. En este sentido es épico el chamuyo que le dio a Romero antes
de los penales: “hoy te
comes el mundo y te convertís en héroe”.






