Mundial
Brasil 2014: decime que se siente…
1- Calle y cancha: todo un continuo
Habrá que hurgar mucho en los anales de
la historia de los mundiales para encontrar en el país organizador tantas
protestas sobre este acontecimiento. Hasta de boicot se habla. Si bien un gran
porcentaje de las movilizaciones se activan en la ciudad de San Pablo y no
parecen ser un episodio de carácter nacional en ese país-continente que es
Brasil, es imposible que no nos dejen de llamar la atención.
Pero quiero hablar sobre lo siguiente:
me parece absurdo hacer un corte entre el marco del mundial y lo que pasa
adentro de la cancha. Como si nuestro interés en el juego sería una pasión
equivocada, y que estaría desafectada de politicidad. No me interesa para nada criticar
el gesto elitista de postular el fútbol como cosa para bobos, pan y circo. Sí
me parece importante quebrar la discontinuidad entre entorno y campo de juego
en materia de intervención pública. Porque se puede bancar el fútbol como pasión genuina,
sin darle el calibre de cosa política; ser algo divertido, pasional, pero no
deja de estar banalizado. El juego no deja de ser un acto humano cargado de
realidad tanto como lo están otros; acción que hace mundo, lo cual la inviste
innegablemente de politicidad implicando diferentes sentidos, saberes,
estéticas, que nos implican bocha de tiempo e involucramiento existencial como
experiencia alguna.






