martes, 12 de febrero de 2013

Sexualidad y mercado: reflexiones a partir de la novela “Plataforma” de Michel Houellebecq


"El amor es el mejor, el más insidioso y más efectivo instrumento para el control social." (Rainer Fassbinder).


1-   Percepción de lo subterráneo




Michel conoce a Valerie en unas vacaciones en Indonesia y de vuelta en Francia se ponen de novios. Armar una pareja especial: Michel le lleva 12 años, Valerie gusta de las mujeres, comparten su sexualidad con otras personas. Valerie trabaja en una compañía organizadora de viajes. Es la mano derecha de Jean, un empresario no muy viejo pero con una vida aburrida, entregado solo a las responsabilidades de su empleo. Mientras Valerie y Michel comparten intensamente su relación la empresa donde ella labura necesita un golpe de timón.

Nuestro protagonista tiene un par de ideas: su cuerpo carga con bibliotecas de información sensible de viajeros, de como es su vida y que es lo que buscan: sexo. El hasta hace no mucho tiempo lo era. Antes de salir con Valerie era un tipo solitario entregado a un trabajo sin sentido donde el sexo era una bocanada de sentido vital. Lo que va a proponer Michel a la empresa, a Valerie y Jean es eso, que los paquetes turísticos preparen integralmente sus centros de vacaciones para que la gente tenga sexo.


Michel piensa que la sociedad se encuentra completamente atomizada; “uno cobra conciencia de si mismo  en su relación con el prójimo; y por eso la relación con el prójimo es insoportable”. En esta atmósfera de desencanto no es difícil entender que pocos están dispuestos a dar amor con gusto. Nadie quiere sentir que depende de otro. Para Michel el hombre se olvidó que es un animal (Humano, demasiado humano…). Y muchas veces quizá quiera recordar ese papel pero ya no sabe (nuestro protagonista maldice que no haya cursos que brinden “clases de conversación”).

A esto se suma el tema de las enfermedades y la obsesión por la limpieza –siguiendo con el diagnóstico de Michel- como que los hombres estamos asustados por el nuevo protagonismo femenino y que nosotros conservamos aun la imagen de mujer-hogareña.

El sexo no se da en una pareja, sino en relaciones muy efímeras, o sublimadas por la pornografía o el turismo sexual frecuentando mujeres de otros países. Otra movida es el sado-masoquismo que Michel percibe como la culminación de la negación de un otro, solo como un disfrute individual (goce vinculado al dolor físico y los límites que puede tolerar cada uno).

Michel explica que vivimos atrapados en una suerte de doble tenazas: por un lado la dificultad de la vivencia sexual con otro, pero al mismo tiempo, la demanda de entrega sexual es muy alta: para los europeos en su desencanto nihilista disfrutar del sexo es una de sus pocas alegrías posibles (“No tener ganas de vivir no implica tener ganas de morir”, sentencia nuestro protagonista).

Les pido que nos olvidemos de Michel como individuo concreto y que lo apreciemos como un cuerpo con una aguda percepción de sus experiencias y de los deseos sociales que circulan; una visión molecular que necesita cualquier acto creador. Encontrar el hilo y saber tirar.


2- Acción y pensamiento mercantil

Valerie y Jean como jefes de la compañía pondrán manos a la obra; ofrecerán centros turísticos basados en la oferta sexual en países del tercer mundo para europeos. Invención que si bien logra sedimentar un virtual deseo, no parte de la nada: sistematiza lo que de manera informal ya colma ese anhelo. Me explico: en los clubes de manera clandestina turistas entran en relación con sirvientas, camareras, o se dirigen a clubes nocturnos o saunas. El ideal que persigue la empresa frente al uso que hacen los turistas del lugar, es que el sitio este planificado estrictamente para sus demandas, lo cual calculan aumentará la concurrencia al sitio.

Un plan que debe considerar las sensibilidades y los umbrales éticos que existen. Por un lado queda expuesto como la lógica empresaria es capaz de incendiar todo tabú y prejuicio moral en pos de diseñar nichos de mercado –vender paquetes turísticos anclados en la oferta sexual- como también una indiferencia y abstracción del otro –las mujeres tercermundistas que trabajarán en los centros. El nombre del lugar y el slogan que lo acompaña expresan un poco lo que digo: “El dorador Afrodita: por que todos tenemos derecho al placer”. Pero todo con tacto. Hay una sensibilidad cínica pero también un saber moverse con cautela –hipocresía, digamos- de que hay ciertas fronteras en el pulso moral de las sociedades con los cuales no se puede joder. Lo cual demuestra que la lógica mercantil no es omnipotente y que no es más ni menos que emergencia de una relación; pueden hasta donde los dejan (por eso por el momento no se publicitara el servicio en Francia, por miedo a escarches y escándalos con “sectores progresistas”).

En la creación mercantil el tiempo es un factor clave. Ni llegar demasiado pronto ni muy tarde. ¿De que dependerá ese momento justo? Si es muy temprano se genera un antecedente en el mercado que otra empresa con más peso puede desarrollar y potenciar y ser así la ganadora del sector (Apple con Microsoft). Pero si una empresa esta preparada para hacerse fuerte en un sector económico debe acelerar su innovación para afianzar su conquista, mientras los otros actores atontados por el golpe no tendrán respuesta y así se atornillan aún más las fronteras ganadas.

Un saber clave es el de la revisión permanente de todo supuesto. Cada intervención en la arena social necesita captar los rebotes que genera y a partir de esa captura reformularse si es necesario para volver a intervenir, así hasta el infinito. Infinidad cuantitativa, ya que cualitativamente nunca se pone en duda la lógica mercantil de interpelar y conocer lo que manifiestan los individuos como consumidores. Ejemplos: el tamaño de los precios (constatar que se paga lo que dice el europeo, las mujeres asiáticas agarran lo que venga), sobre las preferencias en gustos sexuales (desarrollo de teorías de porque a las blancas le gustan los negros y a los blancos las asiáticas), o las prácticas de los diferentes géneros (los gay son los más acostumbrados a salir de la lógica que le propone el espacio recorrido y sin mucha ayuda generar “su ambiente”). Esta percepción del funcionamiento de los negocios se pone en juego en la propia experiencia de Michel, Valerie y Jean en los clubes, presenciado los lugares y hablando con la gente (algo así como un minuto a minuto del rating televisivo).

Es interesante para humanizar a estos genios empresariales –humanizar, no justificar- mirar un poco su vida cotidiana; Jean trabaja por trabajar de forma casi autómata, con una familia que no soporta e imbuido en un aburrimiento espantoso. Valerie reniega de entregar su vida a generar dinero, de trabajar para grandes corporaciones, de ser parte de una sociedad que solo busca consumir y así encerrar a las personas en un circulo oscuro (este malestar dispara que le ofrezca a Michel abandonar Europa y quedarse a vivir tranquilos en Tailandia, desechando su cargo y el alto salario que recibe por otro muy inferior).




3- Disputa y desplazamiento de lo sexual

¿Para qué recuperar esta política empresaria que opera de lleno en la sexualidad? Es importante que pensemos sobre las formas de problematizar la misma que se agitan en nuestro tiempo; de cómo son sus saberes, formas de pensamiento, sensibilidades y demás. La historia de la novela de la profesionalización de lugares donde de manera segura se consumen vínculos sexuales (con la infantilización y perdida de la experiencia que esto supone) es la muestra extrema de como una lógica mercantil opera en este terreno de nuestra vida. Terreno más que importante: basta con sondear en el sufrimiento social que provoca y lo que cuesta; el caso de discusiones, enfrentamientos, muertes y suicidios que explotan por temas vinculados a los celos, traiciones y múltiples etcéteras.

Pero no se trata de atenderlo por su cara negativa sino para armar formas de habitarlo distinta a lo que nos propone nuestra época. Y si nos referíamos al ser empresario imaginemos ahora políticas estatales sobre la satisfacción de la libido que circula al rojo vivo (ver “Sexo para todos” en este blog). Prostíbulos subsidiados, con trabajadoras en blanco y buenas condiciones de laburo; personas habilitadas con un carnet para que puedan usar el lugar determinado cantidad de días y horarios, como de qué maneras consumar un acto íntimo. Un sexo para todos con aires de una novela de Burroughs profetizando nuevos mecanismos de control social.

Si pensamos en sentidos más solidarios y autónomos, me viene a la memoria una película que transcurre en Colombia, sobre una mujer en un pueblo que da sexo por compasión. Alma caritativa se entrega en la habitación de una taberna para los hombres que no satisfacen sus anhelos carnales. No cobra ni pide nada a cambio, sino que solo lo hace por amor al prójimo. Absolutamente todo lo contrario que el personaje del film Shame: un profesional de una gran ciudad yanqui con una vida sexual muy intensa: desde gatos, Internet y minitas que encuentra por la calle. Pero cuando comienza una relación con una compañera de trabajo, se ve impedido de tener sexo. Como si la presencia de sentimientos incipientes por otra persona, dificultara lo carnal...

Lo cual no determina en si mismo la imposibilidad de constituir una pareja, ya que no es monopolio de lo sexual la construcción de relaciones cargadas de afectos amorosos. Retornamos a la novela: las secuencias donde el personaje de Jean se despide triste de las mujeres que va conociendo en sus viajes para tantear los negocios, sean bailarinas, mucamas. Parece que extrañara hablar con alguien… (Volvemos atrás: Michel fantaseando con asistir a cursos de conversación). De hecho el mundo empresario también interviene en este nivel: recordemos la publicidad de Quilmes “El igualismo”. Hombres y mujeres estamos en guerra. ¿El campo de batalla? El desierto. Tanto de un bando como del otro, se agita una avalancha histérica de reproches, una queja de lo que dice el otro, hace el otro, en fin, de lo que es ese otro (no hay vuelta atrás: hasta aquello que amamos tarde o temprano nos resultará insoportable...). Luego del grito de guerra las hordas avanzan para dar inicio a la batalla, pero al chocar las filas no hay una lucha sangrienta sino un encuentro con el típico énfasis de la reconciliación. ¿Cómo se pasó de un belicoso estado de naturaleza a una convivencia ideal, casi perfecta? Gracias al poder de Quilmes, cuyo hipnótico sabor logra reunir cabos sueltos y aplacar cualquier fuerza que desbarate el lazo social….

Insisto: debemos desplazar la sexualidad como el placer clave de cualquier tipo de relación. Es más: en una época de apertura y por ende mayor producción de deseos sexuales, somos testigos de otro placer que se erige como severo tabú al mismo tiempo que también funciona como pulsión a sublimar, como bien explica Michel sobre una compañera de laburo:

“Por lo general a la salida del trabajo me daba una vuelta por algún Peep-show. Me costaba cincuenta francos o a veces, si tardaba mucho en eyacular, setenta. Ver vaginas en movimiento me despejaba la cabeza. Las tendencias contradictorias en videoarte contemporáneo, el equilibrio entre la conservación del patrimonio y el apoyo a la creación viva…, todo eso desaparecía deprisa ante la magia fácil de las vaginas en movimiento. Yo me vaciaba agradablemente los testículos. A la misma hora, por su parte, cecilia se atiborraba de pasteles con chocolate en una confitería que estaba cerca del ministerio; las motivaciones eran mas o menos las mismas.”


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